miércoles, 27 de febrero de 2013

FORMACIÒN Y DESARROLLO ENFOCADO ALA ATENCIÒN INTEGRAL
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El hecho de plantear que el niño y la niña han de ser el centro del proceso educativo, tiene implícito que ambos sexos tengan las mismas oportunidades conjuntas y posibilidades sociales, concepto de equidad que es básico en desarrollo de una personalidad equilibrada y socialmente ajustada.
Los niños y niñas han de convivir en un grupo social, y desde pequeños deben acostumbrarse a trabajar de manera conjunta, con la satisfacción que les produce hacer cosas juntos en las que cada cual brinda y aporta algo. Esto implica que la formación y educación de los niños y niñas ha de crear en situación de acuerdo social, el sistema de relaciones sociales en el que el individuo se desenvuelve, en el grupo social, donde se sientan las premisas para el desarrollo de su personalidad.
El niño se educa para participar activamente como creador en la vida social, por ello su proceso educativo ha de estar íntimamente relacionado con los problemas de la práctica y del conocimiento del mundo que le rodea.
Ello implica un contacto directo e inmediato con las particularidades del entorno social y natural en que el proceso educativo se desenvuelve, en las condiciones reales del medio dado.
El niño y la niña que educamos forman también parte de otro grupo social, la familia, que ejerce su influencia educativa con gran fuerza sobre él. Debe lograrse la coherencia en la dirección de estas dos influencias, de forma tal que se conjuguen armónicamente y una refuerce a la otra. Para ello es indispensable un acercamiento entre la institución infantil y la familia. En esta tarea el educador debe jugar un papel fundamental, al brindarle todo el apoyo a la familia y colaborar ambos en su educación. Es decir, que el proceso de educación ha de darse en una estrecha unidad e interrelación del centro infantil con la familia, donde cada una aporta fundamentos básicos para la formación del niño y la niña.
Que el adulto ejerza un rol orientador en el proceso de enseñanza y el aprendizaje, en momento alguno significa que el niño o la niña por sí mismos no sean los que busquen las relaciones esenciales, fabriquen su propia base de orientación o construyan sus estructuras cognitivas, como quiera llamársele, sino que el mismo es quien sienta y orienta el procesoeducativo para que esto pueda desenvolverse así.
 
El conocimiento de las particularidades del desarrollo, las condiciones anátomo - fisiológicas y psicológicas del niño en la etapa de su infancia, resulta fundamental para lograr que los adultos encargados de su atención educativa puedan dirigir adecuadamente este proceso con una adecuada fundamentación científica. No se puede dejar a la espontaneidad ni al empirismo la conducción del proceso educativo; este debe responder por una parte al sólido conocimiento del niño y la niña y su desarrollo en esta etapa, y por la otra, al dominio de los procedimientos pedagógicos que han de guiar el sistema de influencias educativas.
Como se desprende de todo lo planteado, se concibe el desarrollo y formación del niño en la infancia, a través de un proceso esencialmente educativo del cual, por supuesto, forma parte el proceso de enseñanza y aprendizaje pedagógicamente concebido, estructurado y dirigido, pero sin olvidar que aún en ese momento no es tan importante el conocimiento, sino el desarrollo que en los niños se logre a través del propio aprendizaje. El proceso educativo abarca toda la vida del niño tanto en el hogar, como en la institución infantil. Todo momento de la vida tiene que ser educativo; cuando el niño aprende, cuando realiza alguna encomienda sencilla laboral o de servicio a otros, cuando se asea, cuando se alimenta, aún cuando duerme, todo debe ser organizado y concebido para contribuir a su desarrollo y formación integral.
Desde este punto de vista cualquier sistema de influencias educativas dirigido a alcanzar el máximo de las potencialidades del desarrollo de los niños y niñas en estas en estas edades, necesariamente ha de ser enfocado también desde esta percepción integral.
Establecer que la formación y desarrollo de los niños y las niñas ha de ser enfocado desde una atención integral, significa que la institución infantil, ha de considerar todos y cada uno de los factores que inciden en el desarrollo, y no solamente aquellos que conciernen al proceso educativo. En este sentido los indicadores para considerar una personalidad realmente desarrollada e integral tienen que considerar:
*      El desarrollo físico y motor, los procesos biológicos y fisiológicos y de la actividad nerviosa superior. Referente a sus habilidades físicas, motoras y coordinativas, y que constituyen el substrato biológico y fisiológico del desarrollo.
*      El desarrollo de los procesos cognoscitivos (percepción, pensamiento, memoria, etc.) y de la actividad cognoscitiva (sistema de conocimientos, hábitos y habilidades.
*      Formación de un sistema de relaciones respecto al mundo que le rodea, los demás y sí mismo (desarrollo afectivo motivacional).
*      Formación de un sistema de acciones mentales, prácticas e intelectuales, que posibiliten la realización de una actividad productiva.
En este sentido, la formación de los niños y niñas en la institución infantil ha de cuidar por todos aquellos aspectos que se refieren al mantenimiento de un estado óptimo de salud, que incluye todo lo concerniente a su actividad física y motora, sus respuestas biológicas y fisiológicas generales, su alimentación y nutrición; su estado emocional y el equilibrio de sus funciones y desarrollo afectivo-motivacionales; así como aquellos correspondientes a su proceso educativo, que de conjunto implican el máximo desarrollo de todas sus potencialidades físicas y psíquicas. Solamente de esta manera es que se puede hablar de una atención integral en la formación y educación de los niños y niñas en estas edades iniciales de la vida.
Ya que también cambia el concepto de la institución infantil y de la propia educación inicial y preescolar, que de una etapa vista anteriormente como preparatoria para la escuela y el aprendizaje escolar, se convierte entonces en una etapa en sí misma, cuya función fundamental ya no es “preparar para la escuela” sino desarrollar al máximo las potencialidades de cada uno de los infantes y ver también para ello la edad y que, como consecuencia de dicho desarrollo, se obtiene como un producto o resultado una adecuada preparación para la escuela y el aprendizaje escolar. Esto que parece un juego de palabras no lo es, y significa una trasformación radical del concepto de la educación inicial y preescolar, de sus planes y programas, y del encargo social que se adscribe al centro infantil.
Es decir, que el concepto de atención integral lleva en sí mismo la transformación del concepto de la educación inicial y del centro infantil variando las  edades.
Por supuesto, desde el momento en que esto es así, al valorar desde cualquier ángulo el éxito y la eficiencia de este proceso de formación y educación integral de los niños y niñas en la institución infantil, han de considerarse estos factores referentes a la formación armónica y multilateral de los niños y las niñas, así como de todos los agentes educativos y factores que intervienen para permitir la consecución de estos logros del desarrollo. Por lo tanto, la valoración de la calidad del proceso educativo del centro infantil ha de contemplar indefectiblemente también un enfoque integral para ser verdaderamente representativa de su labor y encargo social. De igual manera esto incumbe además a los sistemas para lograr esa calidad, así como de los instrumentos y medios para evaluar dicha calidad.